Friedrich Nietzsche nació el 15 de octubre de 1844. Hijo de un ministro luterano, el cual muere cuando Nietzsche contaba con tan solo 5 años. Estudió en el internado de la Escuela de Pforta, donde recibió los primeros conocimientos sobre la antigüedad clásica, lo cual le ayudaría en sus obras. Estudió Filología en la Universidad de Bonn y Leipzig, en la cual conoció la filosofía de Arthur Schopenhauer, además de que la música de Richard Wagner le ayudaría en su en la formación de sus ideas.

Fue nombrado catedrático de la Universidad de Basilea a los 24 años. En 1870, Nietzsche participa en la guerra Franco-Prusiana, en la cual participó como enfermero, pero en 1871 abandonó el servicio militar debido a la caída de un caballo. Regresó a Basilea, pero en 1878 pidió su retiro de la docencia por enfermedad. Una modesta pensión le sirvió para vivir el resto de su vida, además para viajar por Suiza, Italia y Túnez.

En 1881 conocería a Lou Salomé, de quien se enamoraría perdidamente, pero la cual a la vez lo rechazaría. En 1889 en Turín, casi ciego y un poco delicado de salud, sufre una crisis de locura, la cual se le atribuye a una parálisis cerebral provocada por una Sífilis. Es internado en un hospital de Basilea, bajo los cuidados de su madre y de su hermana.

Escribió grandes obras, entre ella El origen de la tragedia (1872), Así habló Zaratustra (1883-1885), Más allá del bien y del mal (1886), La genealogía de la moral (1887), El crepúsculo de los dioses (1888), El Anticristo (1888), Ecce Homo (1889) y La voluntad de poder (1901).

Friedrich Nietzsche muere el 25 de agosto de 1900, en Weimar.

Su idea central es la afirmación de la voluntad como motor de la vida humana frente a la tiranía impuesta por la razón. Es por ello un autor vitalista, intuitivo, emocional, pues supone que los esquemas y sistemas que la razón impone no son sino rígidos corsés que impiden el libre desenvolvimiento de lo humano. A diferencia de Schopenhauer, la voluntad "nietzscheana" se reviste de optimismo. La razón, que en sus primeras obras identifica con el "espíritu apolíneo", se opone a la voluntad humana, que Nietzsche define como "espíritu dionisíaco", esto es, libre, vitalista, hedonista, irreflexivo. Fue también capaz de elaborar una de las primeras críticas a la moral burguesa, heredera de la filosofía griega -en especial Platón-, el cristianismo y la Ilustración. Despreciaba la escala de valores que la burguesía proponía, que considera fruto del resentimiento y la debilidad. Su tesis es que, al proponer como valores la humildad, la utilidad o la benevolencia, la moral burguesa es propia de espíritus débiles y apocados, no de hombres libres, "señores". En estos hombres libres está la posibilidad de llegar a ser lo que Nietzsche define como "superhombres", cuyo ámbito de actuación no está sujeto a restricciones y se halla, por ello, más allá del bien y del mal. En este momento, el "superhombre" es un espíritu vitalista, liberado, y puede mostrar la que es la principal de sus características: la fortaleza, la potencia, la voluntad de dominación. La influencia del evolucionismo de Darwin se halla presente en el pensamiento de Nietzsche, si bien con grandes matizaciones. El estadio superior de desarrollo humano corresponde al "superhombre", con lo que contempla la historia como un proceso de perfeccionamiento y mejora, en el que el hombre, tras superar etapas anteriores caracterizadas por la debilidad y el acomplejamiento, es capaz de imponer su voluntad de poder y dominio sobre todo lo que le rodea. Esta doble capacidad humana, de destrucción de las antiguas y obsoletas restricciones, y de creación a partir de su propia voluntad, es lo que le asimila a la divinidad, a Dios. Precisamente el hombre comprende ahora que Dios no fue sino un instrumento de su propia creación, una herramienta útil tan sólo en etapas anteriores de debilidad y minusvalía. Al tomar conciencia de su propio poder, el "superhombre" destruye a un Dios que ya no necesita y pasa a ocupar su lugar: "Dios ha muerto", dirá Nietzsche. Sin embargo, desprecia la linealidad de la concepción tradicional de la historia e introduce un nuevo elemento: la circularidad. Con ello, la historia se asimila a una noria que gira constantemente y en la que los acontecimientos se repiten sin cesar, en un "eterno retorno" causado por la finitud del universo y el número limitado de los elementos que lo componen. Las obras de Nietzsche reflejan la evolución de su propio pensamiento. Así, en la primera etapa, marcada por la aportación de la dicotomía apolíneo/dionisíaco, realiza un análisis de la filosofía griega, que corresponde la escritura de El origen de la tragedia (1872) y Consideraciones extemporáneas (1873-76).





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El Anticristo





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